Las tanerías medievales de Fez y sus otras curiosidades

Las tanerías de Fez, Marruecos

Entre un pestilente olor, fosas repletas de pinturas naturales y pieles de sepa Dios que tantos animales, hombres y adolescentes trabajan incansables horas tiñendo y curtiendo los cueros de la misma manera en que se hacía en la Edad Media. Dichas pieles son utilizadas para la fabricación de zapatos, bolsos, maletas y chaquetas de todo tipo de colores.

Esta tanería se encuentra escondida en el corazón de La Mediana en Fez, pero es muy fácil localizarla, ya que el hedor que desprende es insoportable y se extiende por toda la ciudad amurallada.

Sería ingrato de mi parte describir esta experiencia de una manera negativa, ya que realmente el olor que respiras por el recorrido si opaca un poco de la belleza del lugar. Y me refiero más que nada a una belleza cultural. Cuando me dijeron que si quería visitar La Medina de Fez me imaginé la novela brasileña de “El Clón”, ¡lo que es la ignorancia! Nunca me puse a investigar, pero bueno esos son errores de novata y en realidad uno aprende de las buenas y malas experiencias. Continuando con mi relato, este lugar era un laberinto de callejones repletos de comercios a diestra y siniestra. Aparte de la tanería había fábricas de alfombras y hasta un restaurante familiar donde recrearon una boda musulmana.

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Así es como luce La Medina por fuera. Para entrar teníamos un guía del lugar quién nos llevó por cada rincón y explicó la importancia de cada cosa.

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De esta manera son los estrechos callejones por donde pasan tanto bestias como turistas y residentes. Eso sí, hay que tener cuidado porque los burros son un poco atrabancados y se tiran sobre uno.

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Mi foto favorita del viaje. Los carniceros cuelgan la cabeza del camello para probar la legitimidad de la carne. Según ellos la carne de es animalito es mil veces mejor que cualquier otra y, de acuerdo al guía, ellos la consumen porque ayuda con los niveles de colesterol. Yo que soy tan atrevida no la probé, o al menos no que yo haya sabido.

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En alguno de los comercios vendían caracoles. Me llamó mucho la atención porque antes del viaje, como mencioné anteriormente, mi ignorancia solo me decía que esta delicadeza culinaria se ingería en Francia. Bueno, parece que a los marroquíes también les gusta deleitar sus paladares con estos pequeños animalitos babosos.

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No, no es una casa embrujada abandonada. Es el hogar de los estudiantes o “estudihambres” que asisten a la universidad que se encuentra localizada en el corazón de La Medina, la cual es una de las más antiguas del país.

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La foto más tierna de todo el viaje. Mientras explorábamos La Medina tuvimos que parar un poco para permitir que otros turistas pasaran, en eso yo volteé a mirar a los chicos que estaban solos en el callejón y el niño me extendió un pedazo de su pan. No lo tomé, le agradecí por supuesto y me fui con una gran sonrisa.

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