Gastronomía Oaxaqueña: tlayudas, chapulines y calditos de piedra

Tlayuda Oaxaqueña cortesía de confusedelia.com

Si de cultura y buena comida quieres disfrutar, Oaxaca y Chiapas tendrás que visitar. Por esta misma razón me aventuré a estos dos estados del sur de México y me deleité todos los sentidos al máximo. Comenzaré por narrar el gusto. Mi viaje empezó en la Ciudad de Oaxaca en donde el primer día probé el famoso mole negro, una especie de salsa de chiles y chocolate espesa (deliciosa) y las tlayudas que son tortillas de maíz crujientes con frijoles negros, quesillo, carne (chorizo, tazajo, etc…), repollo y una salsita de chile habanero para los valientes como yo. Depués fui en busca del no tan conocido “caldo de piedra” en donde los chefs colocan unas rocas dentro de lo que en México conocemos como fogón o horno de piedra y las dejan ahí hasta que estén al rojo vivo, el siguiente paso es colocarlas en un plato que contiene mariscos y vegetales para que con el calor que éstas expiden la comida se cueza. Se colocan 2 rocas en cada plato para que haya una mejor cocción y el resultado es un caldo de mariscos con sabor a consomé sazonado con un poco de tierrita, pero sabroso. Sólo apto para aventureros.

Caldo de piedra

Tras tanto comer no me quedó más remedio que ir a buscar un digestivo y lo único que encontré fue un elixir de dioses, el mezcal. Visité una mezcalera donde me explicaron el proceso de la elaboración del mezcal tradicional al igual que de las cremas de mezcal y de ahí siguió una degustación de estos y otros tipos de licores. Este es uno de los paseos que no se pueden perder, ya que es educativo y a la vez muy recreativo después de 8 probaditas. Las cremas de mezcal de maracuyá y cacahuate terminaron siendo mis favoritas (tienen un sinfín de sabores), compré un par de botellas, el único inconveniente es que como contienen leche, se echan a perder en seis meses así que hay que sacrificarse y beberlas pronto.

La siguiente parada después de tanto comer y degustar mezcal fue el mercado Juárez en donde, confieso la verdad, tuve el valor de probar los famoso chapulines, bueno solo un crujiente par. Los insectos son aderezados con todo tipo de especias. Una de las clientas me comentó que sus favoritos eran los que tenían chile, sal y limón. Le pregunté como los comían y me dijo que solos o en guisados y quesadillas. Juro que la próxima vez que vaya no me limitaré y comeré chapulines de todos sabores y tamaños. Ahora pienso que podrían ser una muy buena botana para compartir con amigos en una reunión de viernes por la noche.

Por último, para cerrar con broche de oro, me dirigí al zócalo para escuchar un poco de música antes de dormir y beber un cafecito mexicano. Ahí me di cuenta que el país también produce café (imperdonable haberlo ignorado) y de muy buena calidad. Los tres día siguientes que estuve en la ciudad, comí lo mismo, era tan delicioso que no quería comer nada más. Aún sueño con las tlayudas y las enchiladas de mole.

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